FELIZ NAVIDAD!!!...PAZ EN LA TIERRA A LOS HOMBRES DE BUENA VOLUNTAD

martes, 10 de noviembre de 2009

10 de Noviembre

Se sabe que el verdadero amor universal, que en sí constituye la vibración y clase de energía mas pura y limpia que se pueda alcanzar, es la llave que “abre las puertas del cielo”, es decir, la que les permitirá irse de aquí a un sitio mejor, mas evolucionado, para continuar con su evolución y transmutación.

Entonces, no es por conocimientos precisamente, ni por aprender de memoria y/o realizar actos litúrgicos, o por pertenecer a tal o cual religión, que por cierto todas afirman ser “la buena”, la exclusiva, la que “DIOS quiere que practiquen”, que se “va al cielo”, aunque a decir verdad, y que bueno, todas las religiones positivas tienden hacia lo mismo: hacia una vida mejor.

Aquí al respecto quiero preguntar a quienes afirman que nomás tal o cual religión es la adecuada:

¿DE CUAL RELIGIÓN ES DIOS?

¿DE CUAL RELIGIÓN ES JESUCRISTO, O MAHOMA, O CUALQUIERA DE LOS GRANDES MAESTROS QUE HA TENIDO LA HUMANIDAD EN SU TRANSCURRIR POR ESTE MUNDO?

Es, pues, por una actitud sincera, sencilla, verdadera, espontánea, positiva, apegada a la moral, al respeto, es decir, al recto y prudente manejo de las leyes universales, y no exactamente por pertenecer a tal o cual religión, o aprenderse un libreto o guión de película, ni por intelectualismos, memorizaciones, favoritismos, representaciones, cánticos, alabanzas ni adoraciones, que se pasa del suelo al cielo, que como sea, de cualquier forma de algo sirven y ayudan, sino por lo que también dijo EL MAESTRO:

AMAOS LOS UNOS A LOS OTROS,

y:

VOLVED A SER NIÑOS.

O sea, SER PUROS, ser naturales, espontáneos, transparentes en su conducta, sencillos, auténticos, sin intenciones dobles, conscientes, amorosos y respetuosos.

¿Qué es o en qué consiste la pureza?

Ya se dijo antes y lo repito ahora:

En poner a DIOS en su mente en cada acto que realicen, como testigo presencial de todas sus actividades.

Las comunidades Espirituales de lo Alto les están esperando con infinito amor y sabiduría; están listos para ayudarles en estos momentos de creciente transición, de confusión, de gran tribulación que poco a poco se van presentando en forma cada vez mayor, mas fuerte, mas grave, y que es innegable, porque no podemos soslayar el hecho de que la vida en este mundo, hoy por hoy, sus acontecimientos mundiales, se han ido convirtiendo en un crujir de dientes, que en sí constituyen ya los dolores de “parto” de la mujer dormida, en este caso, la propia humanidad, mediante cuyo “parto”, el humano de este planeta se acerca al Quinto Reino Universal, al Reino de “El Hijo Del Hombre”, en que la gran mayoría de ustedes, quienes trabajen y se transmuten a sí mismos, serán transportados hacia otra dimensión, al mundo de los Supra humanos, en el que ustedes tomarán sus lugares en los planos Angelicales, pues la cadena se recorre, de forma que aquellas Entidades a quienes llamamos Angeles, a su vez serán proyectados a sitios superiores, de la misma manera que los habitantes de esos lugares superiores de la misma manera serán proyectados a sitios de mas altura, de acuerdo con su grado de evolución y su frecuencia vibratoria personal.

Estos acontecimientos cósmicos que se avecinan constituyen los síntomas del parto de la humanidad de que tanto se ha venido hablando; del parto a que la mujer dormida, (la humanidad), va a ser sometida, pues ya es necesario que dé a luz, que de fruto, cuyo fruto lo es la nueva humanidad por venir, el nuevo destino de ésta, la nueva forma de vida que ocupará en el nuevo sitio cósmico a que se dirige.

LA NUEVA EDAD DE ORO DE ESTE DRAMA COSMICO.

Lo ejemplificaré de la siguiente manera:

Sabemos que el nacimiento de un bebé es siempre motivo de alegría para los adultos que lo esperan, cuyo trascendente acontecimiento ven con normalidad.

Sin embargo para el ser naciente es todo un traumático sufrimiento.

Un bebé que vive en la matriz de su madre es un ser que está acostumbrado a una realidad, a un estilo de vida que considera normal, el cual constituye su punto de equilibrio, su hábitat, su habitual modo de vida.

En ese lugar todo es comodidad, tranquilidad, felicidad, no hay apuros, todo está en una temperatura tibia, agradable, acogedor, a salvo, en el cual vive en estado latente, acostumbrado a oír, como entre sueños, la acariciadora y protectora voz de su madre, a la vez que vive en el estado de amortiguación que le produce el líquido amniótico en que se encuentra.

No tiene ni siquiera que mover sus mandíbulas para masticar, ni hacer esfuerzo alguno para continuar viviendo, pues todo le llega prácticamente procedente de su progenitora, ya que incluso es alimentado por un popote de carne que lo es el cordón umbilical.

Pero un día, el día del alumbramiento, comienza a sentir que algo no anda bien, percibe un estado de tensión en el ambiente, como presagio de tormenta, pues advierte sobresalto en su madre, ya que comienza a escuchar los quejidos de ésta, y a sentir apretones en su mundo; como que las paredes lo estrujan, lo cual lo alerta, lo pone en instintiva estresante y angustiosa guardia.

Súbitamente advierte la pérdida del bienhechor líquido que lo contenía, pues ya no es palpable su presencia, su tibieza ni su amortiguamiento.

Comienza a percibir movimientos bruscos; voces que se elevan; gritos de alarma y de dolor de su madre; voces que se incrementan en número, que en este caso son las de los doctores y enfermeras del hospital que le dará la “bienvenida”.

Comienza a sentir tirones en su cuerpo, a los cuales no estaba acostumbrado, y a escuchar gritos desesperados, de nerviosismo y alguno que otro de alegría:

“Ya viene”; “puje, señora, puje mas”.

“Ya no puedo”.

“Sí puede”, “ándele”, “puje”, “puje porque se nos va el niño”.

“Parece que es un hombrecito”; (o una hermosa niñita, según el caso)“¡Sí, es un hombrecito!” (o una niñita).

Y palabras más, palabras menos, gritos, estados de nervios, tensión, pugidos y alarma, el, o la bebé, comienza a sentir que atraviesa por un canal desconocido que lo aprieta, que lo ahoga, y al comenzar a salir a este mundo del vientre materno, comienza a percibir un frío espantoso al ser impelido a abandonar la tibia y acogedora humedad de la matriz de su madre.

Aún inmerso en el enorme desconcierto y horror de lo que está sucediendo, lo cual no entiende, siente un tirón de los pies, o de la cabeza, y escucha unas voces diciendo:

“Mírelo, que bonito es”, y a continuación, por premio y de bienvenida le propinan una tremenda e inesperada nalgada, que mas que dolor le produce pavor por ser algo desconocido, que lo asusta, lo trauma, y todo en conjunto, la sensación de tanta gente, las voces, los quejidos de la madre, sus lágrimas, la intensa luz del quirófano, el frío del lugar, que por si fuera poco, es coronado por un baño que por ningún motivo se parece al líquido amniótico materno, y que algunas personas acostumbran darlo con agua fría, terminan por hacer de ese acontecimiento “normal” para quienes lo esperan, todo un trauma para el nuevo bebé al ser obligado a dejar su mundo para ser transportado a otro nuevo, totalmente diferente y extraño a aquel a que estaba acostumbrado.

Esta experiencia resulta similar en cuanto a desconocidos y traumáticos podrían parecer a la humanidad los sucesos cósmicos ya no solo por venir, sino presentes, que constituyen situaciones, emociones y experiencias nuevas, y por lo mismo que producen temor, pues no se había tenido anteriormente una noticia ni vivencia similar por la humanidad por constituir parámetros diferentes de las costumbres de este mundo en que ahora habitan, que por su grado de equilibrio que ya conocen y manejan en menor o mayor grado, sin embargo así será, y se requiere de toda la templanza y entereza humana posible para vivir el evento y salir airosos del mismo, en que de la misma forma que un bebé viene a este mundo, con todo lo que representa a su madre, cuya madre es la humanidad misma, que dará a luz al nuevo hombre, al hijo del hombre, a aquel, el humano, que pasará a la nueva dimensión, es a la que se refiere el “salto cuántico”, el “Juicio final”, el “Apocalipsis”, y no hay otra manera de venir a ese nuevo mundo dimensional en calidad de bebé, en los cambios cósmicos que se avecinan, de los que ya había hablado nuestro Bien Amado Hermano Mayor Cósmico, el Altísimo Señor JESUCRISTO en sus tiempos, y aunque aquí existe lo que conocemos como cesárea, en el cosmos no la hay.

Así que los cambios dimensionales serán aparentemente catastróficos para esta, su humanidad, como lo fueron para la madre y para el bebé del ejemplo, pero no deben preocuparse, ya que al igual que para esa mujer parturienta, pasados los momentos máximos del alumbramiento, todo volvió a la calma, en los momentos de dolor y desconcierto para la humanidad terrestre en tales momentos de cambio, serán ayudados por Hermandades Superiores, más, como tienen ustedes libre albedrío, sólo ustedes pueden elegir lo que van a hacer, y solo de ustedes depende lo que ocurrirá, aclarando que no me refiero con ello a si se da o no el salto cuántico interdimensional que se espera, pues es irreversible, sino a la decisión de ustedes de querer o nó pasar al nuevo destino, de la cual depende también la intervención de nuestros Hermanos Superiores, ya que esta, la ayuda, está condicionada a que ustedes lo deseen, lo pidan, y a la vez trabajen por ello mediante la polarización energética que solo puede ser producto de una concientización y consecuente realización de lo expuesto en este material.

En otras palabras, la intensidad con que vivirán los cambios, y la naturaleza de la ayuda Superior, depende de que cambien su tónica de energía, que sean espirales, es decir, que tiendan hacia lo alto hacia lo superior, hacia lo positivo, y conviertan esa espiralidad en espiritualidad, cambiando su intensidad vibratoria de “AM” a “FM”, según el burdo ejemplo al que recurrí en páginas anteriores, lo cual se logra, según se dijo, positivizando, optimizando, la calidad de sus pensamientos, sentimientos, emociones, mentalidad, actividad, conducta, además de actualizando por práctica sincera, mediante la materialización de las palabras del Maestro Ascendido y Hermano Mayor de esta y otras humanidades, El Señor JESUCRISTO:

“AMAOS LOS UNOS A LOS OTROS”,O:

“AMA A DIOS CON TODA TU FUERZA, CON TODA TU MENTE, CON TODO TU CORAZÓN, Y A TU PRÓJIMO COMO A TI MISMO”

Porque amar es todo.



Autor: Lic. Raúl Reynoso Bucio.

**Bekram**

**Hombre De Las Estrellas**
guardahoja

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